VI
Caminas, varita iluminada en mano, por uno de los niveles inferiores de las ruinas mientras buscas a la persona de infraestructuras a la que te han pedido que ayudes. Si bien no hace falta internarse mucho en este lugar para quedar sumido en la completa oscuridad —no nos engañemos, la isla en sí es bastante tenebrosa—, los niveles inferiores parecen magnificar la sensación. Quizás se deba a que estás a tantos metros bajo tierra, pero desde que llegaste a la isla no dejas de sentir una presencia oscura cuanto más te adentras en sus profundidades.
Escuchas un ruido al final del corredor. No ves luz, por lo que levantas la varita por encima de tu cabeza para hacer que la iluminación llegue lo más lejos posible. Distingues una figura gacha, una sombra pegada al suelo que se mueve de forma lenta y extraña. Ralentizas tus pasos, esperando algún tipo de reacción. ¿Qué clase de criaturas hay aquí abajo? Tragas saliva y te preparas para defenderte cuando la luz alcanza a ese ser.
Es una persona agachada en el suelo.
Sueltas el aire, aliviade, y le observas. Está mirando a la pared, haciendo caso omiso de tu presencia. Saludas, pero parece que no te escucha. Insistes un par de veces, pero, al ver que no reacciona, te quedas callado. Te planteas marcharte, pero algo te dice que esta es la persona a la que te han mandado ayudar.
Tras lo que parecen horas, la otra persona comienza a levantarse muy calmadamente y te mira.
—Hola —dice con un tono lento y pausado—. Debes de ser el rompemaldiciones. Pensé que mandarían a Chef…
¿Se está sonrojando? Se está sonrojando.
Sonríes, algo incómode, y levantas los hombros en un gesto con el que transmites un “Esto es lo que hay, amigo”. El otro suspira y vuelve a mirar a la pared.
—Mi nombre es Klaus —dice, dejando una larga pausa entre frase y frase—. Hay aquí unas runas que no habíamos visto antes… creo. Justo es el lugar por donde tienen que pasar las cañerías. —Otra pausa—. He intentado por mi cuenta y algún hechizo funciona, pero no consigo ver el patrón. —Pausa—. Chef siempre me dice que debo buscar el patrón, a él se le da muy bien.
Sin saber bien qué opinar o cómo tomarte los comentarios de Klaus, te fijas en las cuatro runas de la pared. Te pones manos a la obra.
